Los niños y el arte de la programación

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Hace unos días leí este artículo en Wired en el que hablaba de J. Paul Gibson, un profesor irlandés que decidió comenzar a impartir clases de programación para adolescentes debido principalmente a una frustración personal: hacia 1998 se dio cuenta de lo poco preparados que estaban sus alumnos.

Gibson recuerda la frustración que le supuso ver que sus alumnos de 18 y 19 años tenían grandes problemas para comprender conceptos básicos de programación, que él había aprendido de forma autodidacta cuando tenía 12 años usando su Sinclair ZX81. En ese momento comprendió que él mismo tampoco había visto nada de programación en su colegio, y que el problema quizá estaba en que los muchachos llegaban tarde a la programación.

A partir de ahí, decidió empezar a impartir clases de programación en Java muy básicas a niños de entre 8 y 9 años, con gran éxito.

En este punto del artículo, me sentí totalmente identificado con él, puesto que mi caso es muy similar al de Gibson. De niño tuve la enorme suerte de que a principios de los ‘80 los Reyes Magos trajeron a casa una consola Philips (de esas de cartuchos y píxeles grandes como puños) programable en Basic.

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El efecto de ser capaz de jugar, y además hacer que la consola escribiera en la televisión todo lo que yo quisiera fue un momento mágico. Era capaz de controlar a la máquina, y así el siguiente paso fue querer hacer juegos tan buenos como los que había en los cartuchos. Mis propios juegos.

Evidentemente, eso era imposible por las limitaciones de esa máquina, pero la semilla ya se había plantado y no paraba de crecer. Fue unos años más tarde con el ZX Spectrum cuando se convirtió en realidad: juegos sencillos de naves que disparaban, clones del pong e incluso alguna aventura conversacional de las que estaban tan de moda. Junto con un amigo del colegio, no recuerdo si en 7º o en 8º de la EGB, creamos nuestra propia “empresa” de videojuegos para venderlos a los compañeros en cassettes.

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¿Y de dónde saqué el conocimiento para programar en BASIC? ¿Alguna asignatura en el colegio? Rotundamente no. En el colegio se hacían extraescolares de judo, inglés y fútbol, pero no había absolutamente nada relacionado con los ordenadores. Y no hubo nada parecido hasta unos cuantos años más tarde cuando ya prácticamente estaba acabando el BUP y nos enseñaron a manejar Wordperfect.

El conocimiento sólo lo pude obtener de dos fuentes: gracias a mi padre y en una revista de videojuegos llamada MicroHobby. Y muchas horas haciendo lo que más me gustaba: crear mis propios programas. La metodología era muy sencilla: “Voy a hacer éste juego”, y tras la idea vendría la implementación.

La pena es que a día de hoy, no ha cambiado mucho la cosa. La informática que se enseña habitualmente en los colegios (salvo las honrosas excepciones de centros pioneros) se limita a manejar la suite de Microsoft Office y poco más. Por ello, desde hace unos meses nos propusimos aportar nuestro modesto granito de arena desde HardCoconut para ayudar a que esta situación cambie: diseñar los cursos que nos hubiera gustado tener cuando éramos más pequeños y que sirvan para que esos niños lleguen mucho mejor preparados mentalmente para asimilar los conceptos de programación que necesitarán en un futuro no muy lejano.

De éste plan surgió una idea: hagamos un curso para los más pequeños de tal forma que aprendan divirtiéndose con juguetes, y que además les ayude a asentar los conocimientos de la programación.

El primero de ellos es el curso de Robótica para Niños que hemos empezado a impartir en el Centro MozartKids. En él, enseñamos a los niños a construir robots basados en piezas de Lego y a programarlos para que hagan tareas muy básicas al principio. Las herramientas que se usan son 100% gráficas del tipo “arrastrar y soltar”, pero de esta manera se asientan conceptos como bucles, acciones ordenadas y condiciones: los fundamentos de la programación. Y de propina, también tendrán su primer contacto con la mecánica y la física. Porque serán capaces de entender problemas del tipo ¿Cómo de fuerte debe chutar un robot para meter un gol al contrincante? ¿Y qué alcance tiene un sensor de proximidad en la boca de un robot-cocodrilo para que atrape a un muñeco?

Pero estos cursos no son sólo para que los niños descubran la programación de robots, sino que además están diseñados para algo mucho más importante: que aprendan a solucionar problemas con el denominado “pensamiento abstracto”. Aunque de mayores no quieran continuar con un desarrollo personal o profesional basado en la tecnología, es algo que tendrán ya con ellos para siempre.

A principios de los años 80 existía la famosa tortuga programable en Logo que hacía dibujos según las órdenes que le diéramos, y posteriormente llegó Verbot el abuelo de todos los robots infantiles que recibía órdenes por voz y realizaba las acciones asociadas. Hoy, tenemos la enorme suerte de poder contar con multitud de herramientas mucho más orientadas a un público infantil y que, a diferencia de las anteriores, son mucho más sencillas de asimilar por los niños.

En otros países, como Estados Unidos, algunos colegios ya han decidido que la enseñanza de programación a edades tempranas forme parte del currículum del centro. Por ello, y hasta que este tipo de enseñanza se convierta en curricular dentro de los colegios e institutos, será estupendo disponer de iniciativas pioneras como la presentada por el centro MozartKids para que los niños puedan desarrollar todo su potencial de la mejor manera posible: jugando. De hecho, en breve también pondremos en marcha un segundo proyecto: introducción a la programación para niños usando la herramienta Scratch. Pero de eso ya hablaremos otro día.

Me encanta como termina el artículo de Wired, y por ello me permito la licencia de traducirlo para compartir esa idea contigo:

“Como ha observado el teórico de los medios Douglas Rushkoff, ignorar la programación es como depender de otros para que nos lleven de un lado a otro en lugar de aprender a conducir nosotros mismos. La mayoría de nuestras interacciones en 50 años no será con humanos monolingües de Asia; será con máquinas. Así que enseñemos a nuestros niños a decirles a esas máquinas qué tienen que hacer, en lugar de que sea al revés”.

Ricardo Aldao Vazquez
Hardcoconut
www.hardcoconut.com

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